Seguridad del paciente y actualización
Por Johanna Peñafiel
La seguridad del paciente suele asociarse con protocolos, listas de verificación y control de infecciones. Pocas veces se la relaciona con algo más silencioso: cuánto hace que el médico que atiende no actualiza sus conocimientos. Sin embargo, esa distancia entre la última formación y la práctica de hoy es, en sí misma, un factor de riesgo clínico.
Soy Johanna Peñafiel, consultora en estrategia aplicada a la educación médica, y he acompañado programas de formación para especialistas en distintos países. Una idea aparece siempre: los médicos no dejan de actualizarse por desinterés, sino por falta de tiempo, de acceso o de programas que se ajusten a su realidad. Esa es una brecha organizacional, no una falla individual.
La competencia clínica no es permanente
Existe una creencia extendida de que el título y la especialización garantizan competencia para toda la vida profesional. La evidencia dice lo contrario.
Los conocimientos y habilidades necesarios para sostener la pericia en una especialidad cambian de manera sustancial a lo largo de la carrera, de modo que, sin acciones deliberadas para mantener esa pericia, la competencia puede declinar con el tiempo tras completar la residencia, según un análisis publicado en Academic Medicine. El mismo trabajo advierte que las habilidades tienden naturalmente a decaer cuando no se toman medidas para prevenirlo.
Esto no cuestiona la calidad del profesional. Describe un fenómeno natural: lo que no se usa ni se refuerza, se pierde. Y en medicina, esa pérdida tiene consecuencias sobre personas concretas.
El conocimiento médico cambia más rápido que nunca
Al desgaste natural se suma un segundo factor: la velocidad a la que se renueva la evidencia científica.
Un dato ilustra bien la magnitud del cambio. El tiempo que tarda en duplicarse el conocimiento médico pasó de cincuenta años en 1950 a apenas tres años y medio en 2010, según las estimaciones del investigador Peter Densen citadas por Physicians Weekly. En consecuencia, prácticas consideradas óptimas hace pocos años pueden estar desactualizadas hoy.
Por eso la formación continua dejó de ser un complemento profesional. Se convirtió en el mecanismo que mantiene alineada la práctica diaria con la mejor evidencia disponible.
Lo que está en juego para la seguridad del paciente
Aquí es donde el argumento deja de ser académico. El deterioro de habilidades cognitivas puede manifestarse como una menor calidad de atención a medida que el médico se aleja en el tiempo de su formación de residencia, de acuerdo con el documento sobre fundamentos de la certificación continua del American Board of Internal Medicine.
La dimensión del problema es considerable. Se ha reportado que los errores médicos se ubican entre las principales causas de muerte en Estados Unidos, con un costo estimado cercano a los 20 mil millones de dólares anuales, según StatPearls, del Instituto Nacional de Salud. No todos esos errores se explican por falta de actualización, desde luego. Pero una parte sí es prevenible mediante formación oportuna y pertinente.
No toda formación protege igual
Conviene hacer una distinción importante: no toda actividad educativa modifica la práctica clínica. La formación basada únicamente en conferencias expositivas tiene poca probabilidad de cambiar lo que el médico hace al día siguiente. En cambio, los formatos interactivos, con discusión de casos y práctica de nuevas habilidades, muestran mucho mejor traslado a la atención real.
Por lo tanto, para que la formación proteja de verdad al paciente, debe cumplir ciertas condiciones:
- Responder a una necesidad detectada, y no solo al interés o la comodidad del participante.
- Incluir práctica y discusión de casos, no únicamente exposición teórica.
- Ser accesible en tiempo y costo, porque un programa al que nadie puede asistir no mejora nada.
- Evaluar lo aprendido, para saber si el conocimiento realmente se incorporó.
- Actualizarse de manera constante, al ritmo al que cambia la evidencia.
Una responsabilidad compartida
Sostener la competencia no puede recaer solo en el profesional. Las instituciones, las sociedades científicas y los sistemas de salud deben ofrecer programas pertinentes y alcanzables. Como expliqué en este artículo sobre educación médica continua, ese esfuerzo también exige estructuras sostenibles que permitan mantenerlo en el tiempo.
En resumen, formar de manera continua no es un trámite de recertificación ni un gasto administrativo. Es una inversión directa en la seguridad del paciente. Cada programa bien diseñado reduce la distancia entre lo que la ciencia sabe hoy y lo que ocurre mañana en el consultorio. Y esa distancia, al final, se mide en vidas.
Sobre la autora: Johanna Peñafiel
Johanna Peñafiel (Johanna Penafiel) es consultora en estrategia comercial y transformación digital aplicada a la salud y la educación médica. Ha acompañado a especialistas, sociedades científicas e instituciones a fortalecer su presencia y su formación profesional. Escribe sobre presencia digital, marketing médico ético, formación médica continua e inteligencia artificial aplicada a la educación en salud. Conoce más sobre su trayectoria en su perfil de LinkedIn o revisa todos los artículos de Johanna Peñafiel.